Pulsiones (y sus destinos semánticos).

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Pablo Neruda 


Desde la aparición de Más allá del principio del placer a la fecha las contingencias intra, inter y transubjetivas han quedado marcadas y enmarcadas por los diversos derivados de la pulsión y sus respectivas vicisitudes. No obstante, de los tiempos que nos han tocado vivir, estos últimos son testigos de un trastrocamiento de aquellos derivados. Algunos ya clásicos, otros novedosos, se desmarcan del mainstream que clásicamente dividía la vida de la muerte en clave pulsional.

Es que sus referentes primarios, o más aún, originarios, quedaron descolocados en el carnaval de las desventuras de la autoestima, al punto que André Green logró atajar esa deriva con sus ahora clásicos conceptos de Narcisismo de vida y Narcisismo de muerte.

De este modo, el versus entre pulsión de vida y pulsión de muerte, a la manera de una escenografía, ocupa el fondo de un tablado por el que transitan aquellos derivados. Esta puesta en escena pulsional tiene y contiene sus protagonistas actuales, tal como ocurre en todas las artes. Estos protagonistas, al igual que siempre, se han fugado de una realidad psíquica, pensada inicialmente de manera carcelaria, para revistar simultáneamente en la realidad social. Realidad psíquica y realidad social, dos realidades que, al decir de Cornelius Castoriadis, son cara y ceca de la misma moneda.

Es en este sentido que los registros intra, inter y transubjetivos quedan instilados por los derivados de las pulsiones en una dinámica de ida y vuelta, a la manera de la cinta de Moebius, donde origen y destino quedan engarzados en una geometría compleja. Por tanto, lo que genera el psiquismo al igual que lo que generan los vínculos y la cultura epocal funciona como punto de entrada o de salida de manera indistinta.

I Prefijos

Por su parte, los prefijos son morfemas que se agregan a la raíz de una palabra para permitir la creación de nuevos términos, es decir, neologismos. O bien, para permitir la creación de sentidos divergentes. Por lo general, se escriben unidos a la palabra sin guion. En el idioma español estas unidades léxicas, que se anteponen a una palabra para formar una nueva con un significado diferente, consisten en vocablos provenientes en su mayoría del latín y el griego. Al añadirse a una palabra jamás cambian su acentuación, ni producen alejamientos muy radicales del sentido original de la palabra, sino variaciones del mismo.

De este modo, a las pulsiones se les fueron engarzando prefijos y los resultados están a la vista. La pulsión es una propulsión, mientras que la repulsión es una retropropulsión. No obstante, el prefijo re ya estaba agenciado a los mecanismos de defensa (represión, renegación, repudio), pero gracias a Roman Polanski la repulsión asumió otra categoría (más allá de su alta calidad, algunos de sus films pueden resultar repulsivos)

Asimismo, como es sabido y oído los adolescentes usan el prefijo re para enfatizar las palabras que describen situaciones, o bien, estados emocionales. Sin embargo, el re devino en un significante en sí mismo, al punto que se lo utiliza como una respuesta unívoca. Por otra parte, no podemos adjudicar el re adolescente a la construcción de sentido de los términos psicoanalíticos antes consignados. 

No obstante, ésta es una época re, ya que las tintas se (re)cargan en todos los sentidos (psíquicos, personales, vinculares, familiares, institucionales, sociales y culturales), aunque el re no esté explícitamente presente. Al igual que la acentuación prosódica sin tilde el re marca y remarca la intensidad con que discurren los significantes en los tiempos actuales. 

A la sazón, los términos expulsión, impulsión, compulsión, propulsión y retropropulsión decoran y condicionan el panorama de la red psíquica intersubjetiva que describe René Kaës. La semántica pulsional se ha diversificado en la medida que ha adoptado el estatuto que le brinda el pasaje de la modernidad a la posmodernidad. Los tiempos pulsionales coinciden con los tiempos históricos y se trascriben en significantes que dan cuenta del curso de los movimientos intra, inter y transubjetivos. 

La sencillez de la pulsión de la modernidad podía seguirse, o bien, perseguirse a través de sus transfiguraciones psíquicas normales o patógenas como muestra la trayectoria rectilínea de la carta 52. En cambio, la pulsión posmoderna adaptada a la época se retuerce, se enmaraña, se vuelve rizomática. Es que las Significaciones Imaginarias Sociales dieron una vuelta de campana destiñendo los valores e ideales al punto de volverlos casi irreconocibles. Aún así, en los islotes de una modernidad sobreviviente a la catástrofe se encuentran los registros de lo que alguna vez fue regla.

II Destinos

Los destinos de pulsión tuvieron siempre un enclave cultural. De la represión a la sublimación no hay contexto cultural que no limite y delimite la transformación de la energía y sus respectivos representantes, como ya lo delineara Winnicott. Para los cultores de la vertiente endogenista del psicoanálisis estos procesamientos ocurrían en el marco de lo que Storolow y Atwood denominaron el mito de la mente aislada. Sin embargo, encontramos a lo largo de la obra freudiana una vertiente exogenista que da cuenta de la gravitación que lo histórico y lo cultural tiene para el sujeto del inconciente, para el sujeto de grupo y para el intersujeto, tal como lo conceptualiza Kaës.

Otros posfreudianos como Piera Aulagnier y Cornelius Castoriadis (antes y después de su vida en común), dieron cuenta en sus desarrollos de esta articulación entre sujeto historia y cultura. Ni hablar de Laplanche y su planteo sobre la implantación de la pulsión por parte del otro significativo. Por tanto, si acudiéramos a una metáfora tecnológica podríamos afirmar que la función materna instala un software en el psiquismo del infans, al que por su prematuración podríamos asociarlo a un hardware.

La pulsión está cincelada por la presencia inescindible tanto del otro-del-vínculo como de la cultura que porta y soporta. Si no fuera así, ¿cómo explicar, entonces, la extinción estadística de las histerias de conversión? O bien, ¿qué sucedió con esta nave insignia de aquel psicoanálisis en statu nascendi? ¿Cómo explicar, entonces, las invasiones bárbaras de los trastornos del narcisismo sin evaluar la pérdida de poder de la represión a manos de la desmentida con sus inflaciones y deflaciones yoicas, tal como lo describe Jung?

A la manera del planteo de Borges en “Kafka y sus precursores” podríamos pensar como los destinos condicionan orígenes, invirtiendo causa y consecuencia. Por tanto, los destinos pulsionales en la perspectiva que ofrecen los contextos históricos y socioculturales forman y deforman los contenidos energéticos y representativos de la pulsión. 

Para la teoría de la relatividad la presencia gravitacional de los planetas desvía el curso de la luz de su trayectoria rectilínea. Parafraseando a Einstein podríamos decir que la gravedad deforma el espacio y así es como curva la linealidad de la luz. Descargar, reprimir, renegar, repudiar, sublimar o permanecer en estasis son destinos a cargo de las incumbencias de las Significaciones Imaginarias Sociales, ya que éstas deforman los espacios que conforman los registros intra, inter y transubjetivos.

Neruda tenía razón, ya no somos los mismos. 

Bibliografía

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