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NUEVOS TEATROS, VIEJOS TEMORES (1)





                                                                                                                        Lic. Marcelo Luis Cao




Somos sólo dos almas perdidas

nadando en una pecera, año tras año,

corriendo sobre el mismo suelo.

¿Qué hemos encontrado?

Los mismos viejos temores


Pink Floyd*


                                                                                                                                               

                                                                                               

Las diversas configuraciones que fue adoptando la sexualidad adolescente a lo largo de los distintos momentos históricos, dependieron para su producción y puesta en acto de los movimientos significantes que se llevaron a cabo al interior del imaginario social cuya regencia se encontraba vigente en ese momento. No obstante, estos movimientos significantes y sus consecuentes modificaciones en los usos y costumbres de la sexualidad adolescente no pudieron ser expresados sino por cuenta y obra del accionar del imaginario adolescente(1) de turno, en tanto éste último siempre operó como una caja de resonancias de las alteraciones que se produjeron en el ámbito del primero.

Este planteo basa su argumentación en que no hay modos de representar, de sentir, de pensar, y de hacer que no tengan una raigambre social, cultural, e histórica. Es por esta razón que podemos decir que las significaciones imaginarias sociales de cada época van a imponer dichos modos de representar, de sentir, de pensar, y de hacer. De este modo, las significaciones imaginarias sociales de cada época van a incidir sobre el destino de las pulsiones al decidir sobre el continente y el contenido que sus representantes adquieran en el marco de la psique, es decir, las representaciones, los afectos, y los deseos. Por lo tanto, cada época va a proponer para estos representantes una serie finita de caminos posibles, la cual funcionará a la manera de un consenso social implícito que permitirá dotar cierta uniformidad a la dinámica societaria.

Siguiendo el hilo de estos lineamientos maestros, este enfoque de neto corte transubjetivo va a requerir para validar sus aseveraciones de una serie de datos provenientes de las producciones culturales de la época, ya que a partir de éstas se podrá desentrañar cuales son aquellos movimientos significantes que influyen en la formación de hábitos sexuales en los sujetos en general y en los adolescentes en particular. Para encarar dicha tarea voy a optar por una de las producciones culturales más penetrante y difundida a lo largo del último siglo, me refiero a la cinematografía.


§ TODO LO QUE USTED SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL SEXO Y NUNCA SE ATREVIÓ

A PREGUNTAR


La producción cinematográfica, al igual que otras producciones culturales, tiene la particularidad de operar de manera simultánea como receptora y transmisora de los valores e ideales que circulan en una cultura dada. Los recibe, en tanto se nutre conciente o inconcientemente de ellos, para poder plasmar en la estructura del guión la trama de sentidos que sostiene el relato fílmico. Asimismo, los trasmite, exponiéndolos a la percepción de los espectadores, moldeando de manera identificatoria su subjetividad, e induciendo a incorporar estos nuevos modelos de pensamiento y acción. Del mismo modo, en este campo de inducciones queda incluida, desde luego, la parafernalia publicitaria con su cada vez más sofisticada incitación a un consumo sin solución de continuidad, en base también a la identificación icónica tanto con sus protagonistas como con las situaciones planteadas.

Los filmes presentan, representan y trasmiten modelos, tal como lo demostrará esta pequeña recorrida. Empecemos por Verano del ’42, aquel film rodado por R. Mulligan en 1971, que describe las vacaciones de tres adolescentes en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El nudo argumental narra el romance entre uno de ellos y una mujer cuyo esposo está en el frente. Mas el hilo conductor que los une es el de la iniciación sexual, para la cual se aprenden de memoria un libro sobre técnicas sexuales. Por esta razón, la tierna y graciosa escena donde los otros dos van a la playa a debutar con sendas chicas se corona cuando entre las dunas uno le susurra al otro su desconcierto, porque según la tabla de excitación que describe el libro él va por el número 8 y ella por el 15.

En Los soñadores, filmada en 2003, Bertolucci aborda la iniciación sexual ubicándola en un triángulo amoroso que se despliega en el marco del Mayo Francés. Allí un joven yanqui entabla amistad con una pareja de hermanos quienes lo invitan a vivir en su departamento mientras sus padres están ausentes. Como el invitado comparte su afición por el cine, los tres juegan a recrear escenas de películas clásicas mientras debaten ideas políticas. Entre tanto el invitado y la hermana terminan envueltos en una relación amorosa estimulada y obstaculizada por la presencia del hermano. El triángulo trazado ingresa en un huis clos, lugar hermético representado por el departamento, donde se produce una iniciación a través de juegos literarios y rituales eróticos. A diferencia del film anterior, éste muestra los efectos de la información y la liberalización de las costumbres en el marco del derrumbe de los valores sostenidos por la burguesía.

Lejos de los ecos de la revolución sexual y del cuestionamiento del statu quo, y antes del vaciamiento subjetivo a manos del posmodernismo filosófico y del neoliberalismo político-económico, la línea romántica retorna en el film Antes del amanecer, dirigida en 1995 por R. Linklater. Aquí un joven yanqui conoce a una francesita a bordo de un tren que marcha hacia Viena. Allí él la convence de pasar un día juntos. En el curso de esas 24 horas se conocerán a fondo, con sexo nocturno en el parque y promesa de reencuentro incluida. El modelo en juego es el del encuentro vivencial entre dos subjetividades, cuyo intercambio de afinidades y diferencias permite construir un espacio imaginario-simbólico donde plasmar una relación sexual y eventualmente un lazo amoroso.

También en 1995, pero a años luz de la anterior por la patética densidad de su temática, Larry Clark estrena Kids. La película retrata un día en la vida de un grupo de adolescentes neoyorquinos sumergidos en el alcohol, las drogas y el sexo en el marco de relaciones vacías e indiscriminadas. Este film nos arrastra al corazón de las tinieblas de la década del ’90, ya que refleja como un sector de la juventud vive su despertar sexual con la presencia estelar del SIDA y la flagrante ausencia de los adultos. El guión se centra en un joven de 17 años quien cree protegerse tanto del SIDA como del embarazo acostándose con chicas vírgenes.

El giro paradójico del film surge cuando una de sus conquistas descubre que es portadora del virus y que fue él quien se lo trasmitió.

Fue durante esta misma década que comenzaron a recalar en la filmografía que abarca o incluye la problemática adolescente las respectivas versiones homosexuales. En 1998 se estrena Descubriendo el amor (Fucking Åmål), del sueco L. Moodysson. Este film muestra como se despliega una relación amorosa entre dos alumnas del secundario en el contexto de los prejuicios y la falta de contención de los adultos de un pequeño pueblo (Åmål). En cambio, en Happy together, filmada por el hongkonés W. Kar-Wai en 1997, lo que se muestra es la relación tormentosa de una pareja gay que viaja para conocer las cataratas del Iguazú.

Estrenada en 2007, La joven vida de Juno es un film dirigido por J. Reitman, donde detrás de una sutil idealización del embarazo adolescente se filtra un alegato antiaborto. A sus 16 años Juno descubre que está embarazada de su amigovio, y aunque inicialmente decide abortar luego opta por la adopción. Toma esta decisión apoyada en el discurso pro-vida de una amiga, ya que el amigovio se esfuma y su familia no logra apuntalarla. El film refleja la inconsistencia adulta a la hora de contener a los jóvenes, apelando a una edulcorada y pasiva cesión de responsabilidades. Es por ello que Juno imposta un rol maduro cuando debe enfrentar una situación que la desborda, tal como se refleja cuando se quiebra frente a tanta presión. Paradójicamente, la exaltación de la heroína solitaria tan cara a la filmografía de Hollywood, nos vuelve a enfrentar con la ausencia de los adultos en la problemática adolescente actual.

En Paranoid Park, película dirigida por Gus Van Sant en 2007, un adolescente descubre un circuito marginal para skaters que lo llevará a una exploración tan inesperada como fatal. Un guardia que lo descubre jugando en un tren de carga muere luego de un forcejeo, a partir de allí su vida adquirirá un clima oprimente. Sin embargo, antes del incidente el divorcio de sus padres ya había perturbado el curso de sus intereses vitales. El vínculo con una chica, que lo presionará para dejar atrás su virginidad y salir de inmediato a contárselo a sus amigas, se diluirá tras su resistencia a formalizar. Así, el sexo adquirirá para ambos un valor de cambio tan diferente que los alejará de un encuentro significativo.

Cerramos aquí esta sucinta revisión a través de esta pequeña muestra de filmes, la cual nos permite precisar alguno de los modelos tanto ofrecidos como recreados en los que abrevan los adolescentes a la hora de enfrentar la problemática sexual. En este sentido, las modificaciones acaecidas en estos modelos a lo largo de las últimas décadas dan cuenta de los profundos cambios culturales que aparejaron el ideario posmoderno y la restauración del neoliberalismo como credos seculares. No obstante, esta no es ni ha sido la única fuente de modelos, ya que a la hora de obtener información los adolescentes además de estas versiones fílmicas cuentan con las viejas revistas de pornografía (Playboy, Hustler, etc.), con el pornosoft que llega a raudales a través de la TV por cable, y con el gran protagonista de los últimos tiempos, la red de redes, Internet.



§ EN COMPAÑÍA DEL MIEDO



El abordaje de la sexualidad genital, especialmente en torno al debut y sus subsecuentes incursiones, desata una serie de vicisitudes en el registro narcisista adolescente. Esta serie de vicisitudes puede extenderse mucho más allá del mentado debut, de acuerdo a la significación que se lleve a cabo en torno de las vivencias experimentadas (satisfacción o insatisfacción, éxito o fracaso, etc.), y de sus consecuencias prácticas (desenvoltura o inhibición, evitación o compulsión, etc.). De este modo, la sinergia que se desprenda de la combinación entre vivencia y accionar va a delinear los diversos posicionamientos subjetivos que irán adoptando los adolescentes en el curso de su crisis vital en ocasión de este nuevo suceso.

Es que asomarse a esta nueva dimensión de prácticas sexuales, que incluyen a otro en calidad de partenaire (sin que por ello demos por sentado que las prácticas solipsistas se encuentren necesariamente exploradas y consolidadas), pone sobre el tapete las condiciones en que se encuentra el equilibrio de la autoestima. Sabemos que ésta se constituye en ocasión de los sucesivos encuentros con los otros del vínculo (tanto en su versión de otros originarios como de otros significativos), encuentros donde se pondrá en juego la función apuntalante y acompañante de estos otros (Cao, M. 2009). Por esta razón el encuentro con el partenaire puede devenir en una ocasión para la reafirmación o el incremento de la autoestima, así como para su temido drenaje.

Es que para el registro narcisista el encuentro con el partenaire de turno, y no sólo la primera vez, va a deparar una serie de riesgos en la medida que se encuentra en juego un conjunto de sanciones personales, familiares, y sociales. Estas sanciones, en tanto movimientos significantes en las dimensiones intrasubjetiva, intersubjetiva, y transubjetiva respectivamente, van a contribuir en la construcción de un montaje identitario que determinará a futuro el accionar del sujeto en el territorio de la sexualidad. De esta manera, y a modo de ejemplificación, las categorías fantasmáticas de seductor y potente pueden acechar el desempeño del varón a la hora de poner a prueba su deseo y sus recursos, tanto en el momento de la conquista como en el de proveer gratificación al partenaire. Asimismo, los fantasmas de ser atractiva, valorada y querida ponen sitio a la autoestima femenina, que se debatirá entre las permanentes dudas que aquejan tanto a su imagen como a su desempeño (2).

De este modo, los miedos e inseguridades que generan las diversas exploraciones sexuales (desde el múltiple besuqueo que se da tanto en fiestas como en boliches, hasta el coito propiamente dicho), intentan ser bloqueados por el uso de drogas facilitadoras. Y si bien la marihuana y el alcohol toman la delantera en este ítem, las llamadas drogas duras también pueden estar presentes. La utilización de estas drogas, muchas veces de manera indiscriminada, genera un efecto deletéreo para la joven vida anímica de los adolescentes. Ya porque la anestesia o inconciencia que promueven las primeras les quitan presencia a sus actos, especialmente a la hora de disfrutarlos o sufrirlos, ya porque con su contracara maníaca las segundas los llevan a una artificialidad frenética que también genera pérdidas en la dimensión subjetiva. De este modo, el consumo defensivo de estas sustancias conlleva una banalización del encuentro con el otro, minimizando así el impacto de las sempiternas categorías de lo diferente y lo ajeno.

Por lo tanto, a la manera de los extremos que inevitablemente terminan tocándose, las dificultades para el debut sexual acaban entremezcladas con la mascarada posmoderna del vale todo. Es que en el fondo no poder establecer una conexión con el otro en condición de partenaire, o bien, coquetear con la embriaguez que genera la multitud es, como dirían los economistas, un ejercicio de suma cero. Una vez más se nos presenta el mismo escenario: el desafío más riesgoso es el acceso a la intimidad del vínculo. Veamos un par de viñetas clínicas a manera de ejemplo.

Esteban, así lo llamaré, es un joven de 18 años que se mantiene dolorosamente virgen, ya que todos sus amigos han debutado mientras que él no puede avanzar en el tema. Sus intentos no llegan a buen puerto porque lo tortura la fantasía de una falta de erección a la hora de la verdad. Sin embargo, esta fantasía encubre un miedo aún mayor: que se quede sin otros recursos en el momento del encuentro con su partenaire. Cree, entonces, que no va a poder hablar porque no se le va a ocurrir nada que valga la pena decir, y que no va a poder actuar porque no va a saber cómo hacerlo. En consecuencia, para paliar estos miedos se alcoholiza hasta el punto de tener menos miedo, pero con la consiguiente y paradójica pérdida de reflejos y… ¡de recursos!

En este traumático círculo vicioso Esteban logra abordar a chicas que parecen dispuestas a compartir una experiencia sexual con él, pero cuando se acerca el momento de pasar de los besos y el toqueteo a un encuentro corporal de otro orden sucede algo que lo frena. Ese freno, según él, se dispara cuando siente que pierde la erección. Desde luego, ningún argumento lo convence de tomárselo con calma, de solicitar ayuda al partenaire, y/o de retomar la dinámica desde otro lugar. Para Esteban el humillante fracaso ha golpeado una vez más su puerta.

Sin embargo, hay algo más que se pone en juego en la escena y que le cuesta manejar en el marco de sus corrientes emocionales. Algunas de estas chicas le proponen implícita o explícitamente una vinculación que sobreviva más allá de ese único encuentro, quitándole así al acto sexual el tinte de una descarga puntual y anónima. Es ahí donde Esteban trastabilla acudiendo, entonces, a un discurso defensivo donde plantea que no sabe en realidad si la chica le gusta o no. De este modo, nos introducimos en el campo de lo paradójico, donde a la manera del huevo y la gallina es difícil detectar cuál es el origen del tema: no se le para porque la elige aunque no le gusta, o elige a la que no le gusta para que no se le pare. Aquí hace su aparición estelar otro fantasma: las chicas que le gustan no le van a dar bola.

Tal como puede apreciarse todos los caminos de salida parecen clausurados, mientras tanto Esteban sufre por su exclusión del mundo de la sexualidad, y su autoestima se hunde en las arenas movedizas de la impotencia y del autorreproche. No obstante, cada vez que podemos despejar estos nubarrones y ahondar en sus corrientes emocionales termina aceptando su temor a establecer algún tipo de vínculo (no estamos hablando de noviazgo, desde ya), donde sí se ponga en juego la calidad de sus recursos a la hora de mantener no sólo la erección sino también el interés del otro del vínculo en su persona.

De todos modos, Esteban finalmente debutó con una prostituta. Sin embargo, sigue aseverando que aún es virgen, porque las cosas no salieron como él esperaba ya que no tuvo una erección plena. En alguna medida tiene razón, pero no justamente por lo que él cree, lo que sigue pendiente es el encuentro entre dos subjetividades.

Por su parte, Carla, otro nombre de fantasía, aparenta estar en las antípodas de Esteban. Con sus 16 años recién cumplidos detenta un prontuario sexual frondoso para su corta edad. Debutó con un noviecito a los 13 con el que casi cohabitaba en su cuarto. A los 15 conoció a su gran amor, pero este vínculo no duró mucho porque a los ocho meses él la dejó. A partir de ese momento, y en sus propias palabras, no se privó de “comerse a un pibe” que le gustara.

De este modo, Carla se muestra sin prejuicios a la hora de relacionarse con el otro sexo. Sin embargo, cuando ahondamos en su interior confiesa que no disfruta con cualquiera, que para llegar al orgasmo tiene que sentir algo por su partenaire. De hecho, recién accedió a ese tipo de placer cuando empezó a salir con su gran amor. Por esta razón, detrás de la mascarada desprejuiciada con la que se presenta, y con la cual intenta sostener su autoestima, se esconde una sensibilidad muy vulnerable que Carla defiende a capa y espada de los embates del sufrimiento amoroso. El abandono a manos de aquel novio de los 15 no hizo más que remachar una historia familiar de fallas, tanto en el apuntalamiento(3)  como en el acompañamiento(4)  que hubiera necesitado.



§ ACTOS PRIVADOS



Todo comenzó con aquellos pioneros que pusieron cámaras en sus casas (las pusieron en todos los ambientes, hasta en el baño), y las conectaron a Internet para trasmitir urbi et orbi su intimidad cotidiana. Luego llegaría a la TV el programa Gran Hermano (una paráfrasis patética de la creación de Orwell), donde un grupo de desconocidos convivía bajo el mismo techo delante de los ojos de millones de televidentes para competir por una suma de dinero. Estas fueron las manifestaciones concretas de un nuevo modelo de vinculación entre lo íntimo, lo público y lo privado que sustentaba el ideario posmoderno, el cual incidió de manera decisiva en la constitución de la subjetividad de fin de milenio.

El arribo de estas nuevas configuraciones subjetivas produjo la resignificación de un conjunto de representaciones, afectos, prácticas sociales y culturales. De este conjunto, y en atención a los límites que impone este trabajo, sólo tomaré como prototipos de esta resignificación el pudor y la vergüenza. Estos dos sentimientos resultan claves en la dimensión intersubjetiva de lo que se muestra y lo que se oculta, en el marco de lo que dictaminan los códigos de intercambio vigentes. Es que pudor y vergüenza forman un ensamble poderoso a la hora de entrar en contacto con el otro del vínculo, ya que ambos sentimientos regulan desde distintos registros las actitudes que asumen los sujetos.

El pudor se encuentra ligado al mundo de la intimidad. Se siente pudor cuando uno es descubierto, expuesto, o invadido en un acto de la vida privada. Es por esta razón que muchos chistes y gags (teatrales, televisivos, o fílmicos), se apuntalan sobre la reacción pudorosa, o bien, sobre su categórica ausencia, ya que todos podemos en mayor o menor medida identificarnos como protagonistas de alguna de esas situaciones. De este modo, la dimensión de influencia del pudor se encuentra en la encrucijada que se delinea entre los territorios yoicos y el registro narcisista. Por ende, dado que la situación que desencadena este sentimiento puede afectar el equilibrio de la autoestima, en tanto ésta se constituye en las sucesivas vinculaciones significativas por las que transita el sujeto, aquello que el otro deja expuesto en su decir o en su accionar puede redundar en una humillación.

En cambio, la vergüenza tiene otra línea referencial, ya que se relaciona con las incumbencias propias del Ideal del Yo. Un refrán lo ilustra a la medida: “vergüenza es robar”. Por tanto, este sentimiento procede de una falla o de una transgresión de los ideales que sustentan al sujeto, ideales que a su vez provienen de la circulación de las significaciones imaginarias sociales. De este modo, uno se siente avergonzado cuando le falló a alguien, a sí mismo, o a un ideal, o bien, cuando cometió un acto indigno o delincuencial. Por esta razón, la sanción no se hará esperar y repercutirá tanto en el registro intersubjetivo como en el intrasubjetivo (recordemos, por ejemplo, el escarnio público cuando un militar es degradado o un funcionario es destituido, y/o los tormentos del autoreproche que arrecian sobre una conciencia culpable).

Por lo tanto, los cambios en la configuración subjetiva y en los contenidos del Ideal que marcan a fuego los usos y costumbres de las generaciones adolescentes, especialmente en el terreno sexual, van a estar relacionadas entre otras con las nuevas acepciones que asuman los sentimientos de pudor y vergüenza. Recordemos, sin ir más lejos, el rechazo que causaba a mediados del siglo pasado que una pareja (heterosexual, por supuesto), se besara en la vía pública. Este rechazo obraba a la manera de una censura, o bien, de una autocensura, más allá de aquellos que en minoría y desde una posición rebelde o provocativa enfrentaban las consecuencias de esta sanción (esta censura llegaba a situaciones ridículas, tal como lo demuestra el magnífico film Cínema Paradiso, donde los besos eran suprimidos de las películas que se proyectaban en los cines de pueblo). Otro tanto ocurriría en la misma línea algunas décadas más tarde con el escándalo que generaba la misma escena por parte de una pareja homosexual (aquí tendríamos que remitirnos a los años ’80 a través de la letra de la canción Puerto Pollensa). Desde luego, a la luz de lo que está ocurriendo hoy esta temática puede parecernos irrisoria, ya que lo que está en juego en aquello que se hace público porta un calibre de otras dimensiones.

De este modo, los profundos cambios en torno a ideales y valores culturales que detonaron en la década del ’90 alteraron de manera contundente las relaciones entre lo íntimo, lo público y lo privado, a tal punto que hoy se ocasionan situaciones antes inimaginables. Después de todo, si en el programa Gran Hermano se pudo ver en vivo y en directo como bajo las sábanas se llevaba a cabo un acto sexual, que argumento ético o moral le impide a una parejita circunstancialmente formada en una fiesta encerrarse en un dormitorio o en un baño (teniendo en cuenta que ninguno de los dos vive allí), hacer lo suyo y luego volver a la fiesta como si nada especial hubiera ocurrido, a pesar de que todos estén al tanto.

¿Por qué, entonces, habría que sorprendernos que a lo largo de una noche en un boliche bailable cualquier adolescente, varón o mujer, pueda estar sucesivamente besándose con otros adolescentes sin preguntarse con quién realmente estuvo? En esta misma línea, y a la hora de sopesar los códigos en vigencia, cuál sería el asombro al comprobar que lo que vemos en la TV, en el cine, o entre los propios adultos respecto a las traiciones amorosas es moneda corriente entre los jóvenes. Los dolorosos relatos de los damnificados por este tipo de acciones dan fe de que lo que sucede arriba también sucede abajo, cuando a edades nos referimos. Tal como puede apreciarse, el vale todo no es el signo de una juventud perdida, en el sentido que apostillaban enfáticamente los adultos de otros tiempos.

 Sin embargo, a la hora de las sorpresas más impactantes tenemos que introducir el tema de la prostitución adolescente. Desde hace ya un tiempo se viene detectando una oferta sexual a cambio de dinero por jovencitas de distintas edades y extracciones sociales. Esta actividad no está motivada por razones económicas del orden de la falta de recursos, sino por un deseo imparable de consumir objetos de marca (o sea, caros), en el marco del ideario posmoderno que determina que ser es tener (o parafraseando a Descartes, tengo luego existo). Por tanto, sacarle un provecho concreto a las bondades de sus cuerpos (una frase muy reiterada por ellas es “si lo puedo hacer por plata, por qué lo voy a hacer gratis), con una respectiva ganancia de autoestima (son deseadas y buscadas por sus dotes profesionales), colma una vida vacía de expectativas amorosas. Sin embargo, estas adolescentes no se sienten prostitutas, ya que esta actividad no es un trabajo para ellas en la medida que algunas estudian y otras trabajan.

Estos sucintos ejemplos tienen la finalidad de ilustrar una tendencia que discurre en estos días a través de la franja adolescente. Aunque la dimensión que alcanza la onda expansiva de esta tendencia no implica una convocatoria que abarque a todos los sujetos que integran dicha franja por igual. Más aún, resulta palpable el hecho de que existen muchos adolescentes que buscan la intimidad en la vinculación y establecen lazos perdurables, incluso pasándose a veces al otro extremo: las parejas de crianza (en un intento de compensar las deficiencias en el apuntalamiento y el acompañamiento que deberían haberles brindado los otros significativos). De todas maneras, la dilución de ciertos ribetes represivos que encapsulaba la conducta sexual adolescente de otras épocas resulta a todas luces bienvenida, pero la inevitable cuota de vacío que a su vez trae aparejada no termina de compensar la buena nueva.

Por esta razón, en la medida que los nuevos escenarios de la sexualidad adolescente estén fogoneados por la circulación de las significaciones imaginarias sociales de la época que nos toca atravesar, estos van a llevar implícita la marca indeleble que deja lo instituyente. En este sentido, la caja de resonancias de los cambios culturales en la que se constituye cada camada adolescente dará cuenta de los movimientos significantes que insuflan con sus retoques la subjetividad de la época. La porosidad elaborativa, expositiva, y provocativa del imaginario adolescente hará el resto.


(*) Publicado en Cuestiones de Infancia. Revista de Psicoanálisis con Niños y

Adolescentes. Vol. 14. Buenos Aires, 2011.




*We‘re just two lost souls, swimming in a fish bowl, year after year, running over the same old ground. What have we found? The same old fears.


1   Este concepto se encuentra desarrollado en los capítulos 4º y 6º de Planeta Adolescente (Cao, M. 1997

2  Una vieja canción de Carole King titulada “¿Me amarás aún mañana?” (Will you still love me tomorrow?), da cuenta cabalmente de esta problemática en tanto la protagonista de la canción desgrana una serie de interrogantes sobre su partenaire luego de una noche condimentada con sexo y ternura

3 Este concepto de cuño freudiano fue remozado y ampliado por René Kaës. Según sus desarrollos a partir del apuntalamiento de la pulsión sexual sobre las funciones vitales se van a producir una serie de derivaciones. Estas conducirán a una serie de nuevos apuntalamiento: de la pulsión sobre el cuerpo, del objeto y del Yo sobre la madre, de las instancias sobre las formaciones elementales, y de las formaciones generadoras del vínculo sobre el grupo y la cultura. En todos ellos encontraremos una secuencia lógica que enlaza a sus cuatro componentes: apoyo sobre una base originante, modelización, ruptura crítica, y transcripción (Kaës, R. 1984).

4 Este concepto está desarrollado en el capítulo 7 de La condición adolescente (Cao, M. 2009).



§ BIBLIOGRAFÍA



Cao, Marcelo Luis (1997): Planeta adolescente. Cartografía psicoanalítica para una exploración cultural. Edición del autor. Buenos Aires, 1997.

Cao, Marcelo Luis (2009): La condición adolescente. Replanteo intersubjetivo para una psicoterapia psicoanalítica. Edición del autor. Buenos Aires, 2009.

Castoriadis, Cornelius (1975): La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets. Barcelona, 1989.

Castoriadis, Cornelius (1996): El avance de la insignificancia. Editorial Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires, 1997.

Ferrari, Teresita (2009): Chicas Caras. Ed. Atlántida. Buenos Aires, 2009.

Freud, Sigmund (1905): “Tres ensayos de teoría sexual”. Obras Completas. Tomo VII. Amorrortu. Buenos Aires, 1978.

Freud, Sigmund (1914): “Introducción del narcisismo”. Obras Completas, Tomo XIV. Amorrortu. Buenos Aires, 1979.

Freud, Sigmund (1933): “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis”. Obras Completas, Tomo XXII. Amorrortu. Buenos Aires, 1979.

Hornstein, Luis (2000): Narcisismo. Autoestima, identidad, alteridad. Paidós. Buenos Aires, 2000.

Kaës, René (1984): “Apuntalamiento y estructuración del psiquismo”. Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Tomo XV, Nº ¾. Buenos Aires, 1991.

Kaës, René (1993): El grupo y el sujeto del grupo. Amorrortu. Buenos Aires, 1995.



§ RESUMEN


Los diversos estilos que fue adoptando la sexualidad adolescente desde su aparición dependieron de los movimientos significantes que se produjeron al interior del imaginario social de cada momento histórico. No obstante, estos movimientos significantes y sus consecuentes modificaciones en las conductas sexuales adolescentes se expresaron a través del imaginario adolescente. Esta idea se fundamenta en que no hay modos de representar, de sentir, de pensar, y de hacer que no tengan una raigambre social, cultural, e histórica. Para validar estas aseveraciones se toma como modelo a la producción cinematográfica, en tanto recibe y transmite los valores e ideales que circulan en la cultura de cada época.

Asimismo, se aborda la iniciación en la sexualidad genital en relación con las vicisitudes que se registran en el frágil narcisismo adolescente, en el marco de la subjetividad de fin de milenio. Esta va a reflejar los cambios ocurridos en el ámbito de lo público y lo privado a través de las nuevas maneras de concebir los sentimientos pudor y vergüenza.

Palabras clave: imaginario social; imaginario adolescente; transubjetivo; sexualidad genital; narcisismo; intersubjetivo.


§ SUMMARY


The different styles that adolescent sexuality has been adopting since its appearance depended on the significant movements produced in the Social Imaginary of each historical time. However, those significant movements and their consequent modifications in the adolescents' sexual behaviour were expressed through the Adolescent Imaginary. This idea is based on the fact that there are no ways of representing, feeling, thinking and doing that are not social, cultural and historically rooted. In order to confirm these statements I will use cinematographic production as a model, since films receive and convey the cultural values and ideals of every time.

I will also tackle the genital sexuality initiation related to the vicissitudes that are present in the adolescents’ fragile narcissism, within the subjectivity related to the end of the millennium. Such subjectivity reflects the changes occurring in the public and private spheres, through the new ways of conceiving the feelings of embarrassment and shame.

Key words: social imaginary; adolescent imaginary; transubjetive; genital sexuality; narcissism; intersubjetive.


§ RESUME


Les différents stylos que la sexualité adolescent a adopté depuis sa apparition ont dépendu de les mouvements signifiantes que ont produis dans le Imaginaire Social de chaque moment historique. Cependant, ces mouvements signifiants et ses conséquentes modifications dans les conduits sexuels adolescents ont manifesté par le moyen de lImaginaire Adolescent. Cette idée se fondement en qu’il n’y a pas mode de représenter, de sentir, de penser, et de faire qu’il n’ait pas une racine social, cultural, et historique. Pour valider cette affirmations on prendre comme model la production cinématographique tandis que reçoit et transmit les valeurs et les idéales que circulent dans la culture de chaque époque.

De la même manière, on abord l’initiation dans la sexualité génitale d’accord a las vicissitudes que se registre dans le fragile narcissisme adolescent, dans le marc de la subjectivité du fin de millénium. Celle-ci va réfléchir les changements arrivés dans la sphère du public et du privé par le moyen de comprendre les sentiments de pudeur et d' honte.

Mots clés: imaginaire social; imaginaire adolescent; transubjective; sexualité génitale; narcissismes; intersubjective.